Pocas coctelerías de Barcelona pueden presumir de una historia tan ligada a otra institución de la ciudad como Caribbean Club. Abierto en 1974 por la familia de Boadas Cocktail Bar, nació como el hermano pequeño de una de las barras más influyentes del país y con una marcada inspiración cubana. Su fundador, Josep Lluís Marruenda, emparentado con la familia Boadas, había vivido de cerca la tradición coctelera de La Habana y quiso crear un espacio más íntimo dedicado al ron. Casi cuatro décadas después, en 2012, el relevo lo tomó Juanjo González Rubiera, uno de los bartenders formados precisamente en Boadas, después de pasar también por Negroni y Milano. Cuando encontró la oportunidad de hacerse cargo del local, González Rubiera tenía claro que no quería empezar de cero. “Lo que hice fue limpiarle la cara, no hacer un cambio drástico”, explica. La personalidad del Caribbean ya estaba allí. El interior, construido con auténticos elementos navales, maderas procedentes de barcos y numerosos detalles marineros, evoca el camarote de un transatlántico. No hay un lugar igual en el mundo. “La idea es situarse en los años cincuenta, en un viaje entre Barcelona y La Habana, pues al final un bar tiene que representar un lugar de huida, de fuga”. La música, la iluminación y la decoración completan esa pequeña ficción que comienza nada más cruzar la puerta.
Caribbean Club está a 17 minutos a pie del Hotel España Ocean Drive (1231 m), en pleno corazón del Raval.
Hospitalidad ante todo
Pero si hay algo que González Rubiera considera imprescindible no está en las paredes ni en la barra. “Intentamos que la gente se sienta visible”, repite al hablar del Caribbean. Junto a Núria Miret, su pareja, responsable de la ilustración de la carta y de buena parte de la personalidad visual del local, ha construido una coctelería donde la hospitalidad ocupa el mismo lugar que los cócteles. “Hay veces que entras en un sitio y parece que no te ven. Nosotros intentamos recibir siempre a la gente”, cuenta. Además, la coctelería abre antes de lo normal para este tipo de negocios. Desde las cinco de la tarde comienzan a llegar clientes habituales, visitantes de paso y quienes buscan una conversación tranquila antes de que anochezca. Y si hay un cóctel que resume el espíritu de la casa, González Rubiera se decanta por el daiquiri. No es casual: nació en Cuba, el mismo destino imaginario al que Caribbean Club lleva viajando cada tarde desde hace más de medio siglo. Aunque en la barra se preparan grandes clásicos, lo que vertebra la carta es el ron: con cerca de doscientas referencias, Caribbean Club se ha convertido en uno de los espacios especializados más importantes de Barcelona. “Cuando me metí en este nicho sabía que había que educar. Esa es también la gracia: enseñar, mostrar y descubrir”. Y por este motivo, muchos aficionados, especialmente estadounidenses y franceses, llegan buscando esa especialización.

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Cómo llegar a Caribbean Club desde el hotel
Abrir la ruta a pie en Google Maps (1231 m, unos 17 minutos desde Carrer de Sant Pau, 9-11, 08001 Barcelona).