Antes de entrar en la Granja M. Viader basta con detenerse unos minutos en la puerta para entender que no es una cafetería cualquiera. En plena calle Xuclà, a un paso de la Rambla, este establecimiento ha visto transformarse a Barcelona durante más de siglo y medio sin perder su esencia. Mientras llegaban turistas y desaparecían muchos comercios históricos, la crema catalana, el chocolate o el mató (un queso fresco tradicional) ha seguido preparándose prácticamente igual generación tras generación entre estas paredes. No es casualidad que para muchos barceloneses esta peculiar granja forme parte de su memoria.
Marc Viader, quinta generación al frente del negocio, narra la historia familiar con la naturalidad de quien ha crecido entre mostradores y vitrinas. “Tengo el recetario de mi tatarabuela. No pienso cambiar nada porque llevamos 160 años vendiendo lo mismo y la gente es a lo que viene”. Esa fidelidad a las recetas explica buena parte del éxito de una casa que ha resistido modas y crisis.
Granja M. Viader está a 6 minutos a pie del Hotel España Ocean Drive (429 m), en pleno corazón del Raval.
Una familia ligada a la historia de Barcelona
La historia de la familia Viader recorre de la mano la de la ciudad. Su tatarabuelo fue el primero en pasteurizar leche en Barcelona tras recorrer Europa para conocer las técnicas más avanzadas de la época. Años después, buscando una salida para la leche desnatada que sobraba de la elaboración de nata, nació el Cacaolat. “Intentaban aprovechar la leche desnatada y el suero, que desechaban. Pensó añadirle cacao; y ahí salió el Cacaolat”, explica. Una innovación nacida del aprovechamiento que acabaría convirtiéndose en uno de los productos más populares de Cataluña. Conservar ese legado también exige renuncias. El local está protegido y cualquier intervención requiere un cuidado extremo. Marc sonríe cuando habla de ello: “No me voy a poner aquí luces led ni bombillas de colores”.
Un Cacaolat con nata, como siempre
Mantener el aspecto de siempre forma parte del compromiso con quienes cruzan la puerta buscando reconocer el lugar al que iban de la mano de sus abuelos para pedirse un cacaolat con nata, marca de la casa, el mismo que se sigue tomando con una ración bien generosa de nata.

Las historias de cada día
Pero si algo emociona a Marc no son los hitos empresariales, sino las historias que suceden a diario en su establecimiento repleto de fotografías antiguas de la familia, anuncios o los concursos que ganaron las vacas Frisonas que trajo su bisabuelo de Holanda y eran mucho más productivas. Así como una vitrina de productos artesanos que venden: desde embutidos, productos lácteos o la repostería familiar. “De las cosas más bonitas que me pasan es comprobar cómo hace años venían abuelos con sus nietos y ahora esos nietos vienen con sus hijos”. En una ciudad donde muchos negocios tradicionales han desaparecido, la Granja Viader sigue siendo un lugar donde distintas generaciones comparten sabores y recuerdos.

Granja M. Viader en imágenes
Desliza para ver más fotos







Cómo llegar a Granja M. Viader desde el hotel
Abrir la ruta a pie en Google Maps (429 m, unos 6 minutos desde Carrer de Sant Pau, 9-11, 08001 Barcelona).