Paloma, Tigre y León son las calles que bordean la Sala La Paloma y los nombres de los perros del que guardaba antiguamente la finca. Así lo cuenta Pau Solé, propietario y actual director de la histórica sala de baile después de recalcar que “la historia de La Paloma está unida de un modo inseparable a la historia de Barcelona”. Y no lo dice solo por los 125 años de actividad que acumula el local. Antes de convertirse en uno de los espacios de ocio más emblemáticos de la ciudad, el edificio albergó la Fundición Comas, donde se fabricaron algunas de las piezas del monumento a Colón que hoy preside el final de La Rambla. Poco después abrió como salón de baile y, desde entonces, varias generaciones de barceloneses han pasado a mover el esqueleto por su pista.
La Paloma está a 13 minutos a pie del Hotel España Ocean Drive (1037 m), en pleno corazón del Raval.
Reabierta en 2024, intacta
Reabierta en 2024 tras más de dieciséis años cerrada por cuestiones administrativas y de insonorización, La Paloma conserva prácticamente intacta la decoración que la convirtió en una de las salas más singulares de Europa. Buena parte de ese aspecto se debe a Ramón Daura, familiar de la propiedad, que a comienzos del siglo XX regresó de un viaje a París fascinado por la Galería de los Espejos de Versalles y quiso trasladar aquella inspiración a Barcelona. Artesanos que también habían trabajado para el Gran Teatre del Liceu participaron en una reforma cuyo elemento más reconocible sigue siendo la enorme lámpara central. “Es el centro de gravedad y de energía de la sala”, explica Solé. A veces, añade, iluminada durante los espectáculos, “parece una especie de cefalópodo dorado salido de una novela de Jules Verne”. Pero, más allá de los nombres conocidos, Solé insiste en que La Paloma sigue siendo, sobre todo, un lugar de encuentro para la ciudad. Mantiene colaboraciones con entidades como el Hospital del Mar, el Casal dels Infants, la Fundació Tot Raval, Stop Sida o la Raval’s Band, reforzando un vínculo que sobrepasa la actividad nocturna.
Subir y mirar la pista desde arriba
Si alguien entra por primera vez aquí, Solé recomienda subir a la planta superior y observar la pista desde allí. “Contemplar el poder que anida en el ritual del baile y de la música”. Y antes incluso de cruzar la puerta, hace otra sugerencia. “Que venga como un náufrago que amanece en una isla remota; que deje el móvil, el reloj y las costumbres en casa”. Solo entonces, dice, entenderá por qué La Paloma sigue siendo la sala de baile en activo más antigua de Europa y una de las instituciones culturales más queridas de Barcelona.

Más de un siglo de historias
A lo largo de más de un siglo, La Paloma ha acogido bailes populares, conciertos, fiestas privadas y algunos episodios difíciles de imaginar. Por la sala pasaron figuras como Joséphine Baker, uno de los hallazgos históricos que más ha impresionado a Solé. “Siempre digo que habría que hacer una serie inspirada en la historia de esta sala”. Más recientemente, han quedado para el recuerdo la presentación mundial de Come With Us, de The Chemical Brothers, la fiesta del estreno de la película de Pedro Almodóvar Todo sobre mi madre, la aparición inesperada de Leonardo DiCaprio o la actuación sorpresa de Lady Gaga durante su última visita a Barcelona en 2026.
La Paloma en imágenes
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Cómo llegar a La Paloma desde el hotel
Abrir la ruta a pie en Google Maps (1037 m, unos 13 minutos desde Carrer de Sant Pau, 9-11, 08001 Barcelona).